Mira a esta corredora con problemas visuales aplastar su primer ultramaratón de pista

Con el apoyo de su guía y amiga de larga data, Melissa se propuso demostrar que no había límites para lo que podía lograr.

Correr por el sendero no es para los débiles de corazón. Puede ser un deporte difícil, lleno de obstáculos como terreno peligroso, clima mercurial, y circunstancias desconocidas fuera de su control. Aunque puedes correr cinco millas "sin esfuerzo" por los caminos pavimentados de tu vecindario, tratar de recorrer esa misma distancia en un sendero es una experiencia muy diferente y humilde.

Es más, pensar en conquistar un maratón de carretera es de por sí desalentador, por no hablar de un ultramaratón a través de rocas y raíces de árboles, a través de arroyos, y subiendo y bajando colinas.

¬ŅYa est√°s cansado? Ahora, imagina un sendero corriendo una carrera de ultramarat√≥n de 50K (eso son 31.1 millas) sin poder ver realmente a donde vas.

Melissa Blume, que es legalmente ciega, hizo justo eso cuando cruz√≥ la l√≠nea de meta en la carrera de 50K de la North Face Endurance Series en mayo de 2019 en Bear Mountain en el Valle del Hudson en Nueva York. Y estuve con ella en cada paso del camino, literalmente. Serv√≠ como su gu√≠a de carrera para asegurar su seguridad durante todo este proceso, pero el viaje de Melissa a la l√≠nea de meta no ocurri√≥ s√≥lo el d√≠a en mayo. Ella hab√≠a pasado los √ļltimos cuatro a√Īos construyendo resistencia y trabajando duro para convertirse en una corredora m√°s fuerte - esto significaba temprano en la ma√Īana y tarde en la noche registrando millas y haciendo trabajo de velocidad. Entonces, los meses previos a la ultramarat√≥n estuvieron llenos de entrenamiento duro, l√°grimas, risas, ampollas y, francamente, mucho dolor. Pero el dolor vali√≥ la pena cada minuto y cada curita.

Melissa y yo nos conocimos en 2016 en Central Park mientras nos preparábamos para practicar con nuestro grupo de corredores, Achilles International, una organización sin ánimo de lucro que empareja a atletas discapacitados con atletas sin discapacidades. Me acababa de convertir en guía de la organización, y hablamos de todo lo relacionado con la moda, fuimos a correr cuatro millas y nos unimos inmediatamente. Desde entonces, ella y yo hemos corrido juntos innumerables carreras, incluyendo el Maratón de la Ciudad de Nueva York de la TCS y el Maratón Internacional de California. (Relacionado: Dos corredores en silla de ruedas comparten cómo el deporte ha cambiado completamente sus vidas)

Soy sus ojos en la carretera. Ella es mi animadora en la vida.

Si bien es cierto que hemos logrado mucho juntos, individualmente, tenemos nuestro propio kilometraje en nuestro haber: Desde 2016, entre los dos, hemos completado 19 maratones, e innumerables medias maratones, 10Ks y 5Ks. A√ļn as√≠, Melissa (o Mel, como yo la llamo) y yo entramos en el juego de correr "tarde", ella a los 30 a√Īos y yo a los 20. Correr nos da a ambos libertad, comunidad y un sentido de prop√≥sito, sin mencionar que nos mantiene con salud.

Conociendo a Melissa

La agudeza visual de Melissa es muy limitada, 20/200, para ser exactos. Esto significa que tiene que estar tan cerca como a 20 pies para ver lo que la mayoría de la gente puede ver a 200 pies de distancia. Ella también tiene una condición conocida como Nistagmo (movimiento involuntario de los ojos) y Aniridia (ausencia de iris/ausencia de color en los ojos), que reduce la agudeza visual y causa sensibilidad a la luz. También tiene cataratas que han empeorado progresivamente con el tiempo. Como resultado de estas condiciones, los contrastes en el camino y la percepción de profundidad se ven gravemente afectados y su visión periférica también se ve afectada.

Pero Melissa tiene una resistencia siempre presente que la mayor√≠a de la gente s√≥lo podr√≠a aspirar a tener. Fue adoptada de un orfanato en Se√ļl, Corea del Sur, cuando ten√≠a tres a√Īos por padres americanos que tambi√©n son ciegos. Seg√ļn me enter√©, su madre adoptiva perdi√≥ tr√°gicamente su segundo hijo biol√≥gico y no pudo soportar tener otro, pero a√ļn as√≠ sinti√≥ que quer√≠a otro. Entra, Melissa, que lleg√≥ a los Estados Unidos como una ni√Īa t√≠mida y asustada que no hablaba nada de ingl√©s. Pero esto no le impidi√≥ sumergirse en su nueva vida. Tampoco el crecer con una discapacidad visual le impidi√≥ hacer deportes o participar en cualquier otra actividad.

De hecho, mientras crec√≠a, Melissa era activa en la gimnasia, el baile y las animadoras, pero aunque sobresal√≠a en los deportes, correr no era algo que hubiera intentado abordar por s√≠ misma. La verdad era que necesitaba a alguien que corriera con ella. Esto no era exactamente f√°cil de encontrar en un momento dado. Mel quer√≠a correr; el deseo estaba ah√≠, pero ella estaba constantemente retenida por el miedo a tropezar y hacerse da√Īo. No era seguro, as√≠ que se resign√≥ a correr en la cinta de correr.

Pero la comez√≥n de salir y golpear el pavimento nunca desapareci√≥, y cuando se uni√≥ a Aquiles por sugerencia de su amiga Laura Burkett, ese sue√Īo se hizo realidad. Ella ser√≠a emparejada con gu√≠as como yo, que garantizar√≠an su seguridad en el camino, compensando lo que no pod√≠a ver.

Un Rocky Run

Mi relaci√≥n con el correr ha sido rocosa en el mejor de los casos. Como √°vido atleta (y perfeccionista del esfuerzo), al crecer, me presion√© inmensamente para ir m√°s r√°pido, entrenar m√°s duro y ser el mejor en cualquier deporte. Esta presi√≥n finalmente se convirti√≥ en un peligroso choque, f√≠sica y mentalmente. Desarroll√© una anorexia que me persegu√≠a desde los seis a√Īos. (Relacionado: C√≥mo el bloqueo del Coronavirus puede afectar la recuperaci√≥n de los trastornos alimentarios y qu√© se puede hacer al respecto)

Recuerdo que intent√© inventarme una excusa para no correr una milla cronometrada durante una pr√°ctica de lacrosse en mi segundo a√Īo de internado. En mi cabeza, ten√≠a un tiempo agresivo y r√°pido que quer√≠a lograr, pero en mi coraz√≥n, todo lo que sent√≠a eran dolores de ansiedad. La presi√≥n de la milla cronometrada se convirti√≥ en un desencadenante. Un desencadenante que me hizo querer ser "perfecta", ser "la m√°s r√°pida", ser "la mejor". Me estaba saliendo de control tratando de controlar mi comida, mi entorno y a m√≠ misma. Mi falta de energ√≠a por restringir la comida y mis m√ļsculos temblorosos significaba que por ahora, los deportes hab√≠an terminado para m√≠. Esto significaba que ya no iba a correr m√°s. La anorexia acab√≥ con mis sue√Īos de jugar lacrosse en la universidad y de estar activo durante un tiempo. Mis ri√Īones estaban fallando, ten√≠a un peso muy inferior al normal y el solo hecho de ducharme me quitaba cada onza de energ√≠a que ten√≠a. Mirando hacia atr√°s, por muy mala que fuera mi salud en ese entonces, sin esta ca√≠da, no me habr√≠a recuperado m√°s tarde.

Luego, me mud√© a la ciudad de Nueva York para asistir a la escuela de arte en agosto de 2004 y a menudo estaba rodeado de corredores que corr√≠an por los carriles para bicicletas y a trav√©s de los parques. Ten√≠a muchas ganas de salir y unirme a la comunidad de corredores, pero la ansiedad paralizante de mis d√≠as de escuela secundaria en la pista me imped√≠a hacerlo. Todo lo que pod√≠a pensar era, "¬ŅQu√© pasa si no eres lo suficientemente r√°pido? ¬ŅLo suficientemente fuerte? ¬ŅLo suficientemente capaz?"

Esta auto-duda y desorden alimenticio me atorment√≥ durante seis a√Īos m√°s hasta que un d√≠a decid√≠ correr un medio marat√≥n despu√©s de que una marca de calcetines se me acercara para unirse a su equipo. Fue una decisi√≥n abrupta, pero la mejor decisi√≥n. Ya era suficiente. Estaba decidido a volver a salir. (Relacionado: Finalmente dej√© de perseguir relaciones p√ļblicas y medallas y aprend√≠ a amar el correr de nuevo)

Con la supervisi√≥n de un entrenador, mi mano fue sostenida durante todo el proceso. Tres meses de entrenamiento m√°s tarde complet√© mi primer medio marat√≥n, The Brooklyn Half. Cruzar la l√≠nea de meta fue el colmo. Las l√°grimas corr√≠an por mi cara y mi mand√≠bula se trab√≥ en una fuerte sonrisa mientras mis amigos gritaban fuertemente y tocaban cencerros en se√Īal de alegr√≠a. Yo era oficialmente un corredor. Empec√© a entrenar para la marat√≥n de Nueva York poco despu√©s, y fue entonces cuando descubr√≠ el Aquiles. En mis largas carreras de entrenamiento a trav√©s de Central Park, a menudo notaba estas camisetas amarillas de "gu√≠a" acompa√Īadas de camisetas de "atleta", algunos incluso dec√≠an "corredor ciego". Ten√≠a que saber m√°s. Despu√©s de algunos hurgando, solicit√© ser gu√≠a en l√≠nea. Me aceptaron la misma semana y pronto ir√≠a a mi primer entrenamiento de Aquiles.

Poco sabía que mi vida cambiaría ese día. Que guiaría a los atletas en las carreras, incluso en un maratón completo. Que conocería a Melissa. Que un día la guiaría a través de casi 11 horas de carrera, ayudándola a lograr un ultra.

Inscribirse en el "Ultra" Desafío

Aunque Melissa y yo hab√≠amos pasado la mayor parte de 2016-2018 construyendo curr√≠culums bastante completos, ambos sent√≠amos que hab√≠a m√°s que hacer; m√°s objetivos por los que trabajar y lograr. As√≠ que, una ma√Īana despu√©s de una pr√°ctica de Aquiles en Central Park, Melissa se volvi√≥ hacia m√≠ y me pregunt√≥: "Oye, ¬Ņtienes alg√ļn inter√©s en correr una carrera ultra conmigo?" La verdad: acababa de investigar las carreras de ultra a principios de esa semana. Atrib√ļyelo a la percepci√≥n extrasensorial, o al hecho de que nos hab√≠amos convertido en una relaci√≥n de amistad y carrera. Mi respuesta fue, r√°pidamente, "¬°S√≠, por supuesto! ¬°Hag√°moslo!"

El objetivo, al principio, era correr cualquier ultramaratón, pero mientras Melissa y yo hacíamos nuestra investigación aterrizamos en un sendero ultra-despierto, a pesar de que Melissa tenía poca o ninguna experiencia en un recorrido de sendero. Nuestra decisión se basó en el tiempo (el entrenamiento funcionó dentro de nuestros objetivos existentes y otras carreras) más que nada, no tanto en el tecnicismo de una cierta carrera. Y de alguna manera, 50K/31,1 millas parecían factibles de comenzar ya que ambos estábamos acostumbrados a la distancia del maratón, 26,2 millas. (Relacionado: 8 consejos esenciales de seguridad que todo corredor de pista debe saber)

Después de una extensa investigación, nos decidimos por la Ultra-Maratón 50K de The North Face Endurance Challenge Series en Bear Mountain. El terreno de carreras técnicas está clasificado de 1 a 5 estrellas, siendo 5 la más difícil. La carrera TNF tenía un nivel de dificultad de 5. Melissa estaba entusiasmada. Estaba nerviosa.

El entrenamiento para el "Ultra" Goal

El entrenamiento para un ultramaratón es intenso, por decir lo menos, pero Melissa y yo estábamos preparados para el desafío. Mientras que ambas ya estábamos en medio del entrenamiento para la maratón -Melissa se preparaba para la maratón de Houston y yo para la maratón de Boston- el plan de ultra entrenamiento nos tenía haciendo carreras de 18-20 millas tan rutinarias como cepillarse los dientes. Ambos sabíamos que había que hacer algunos sacrificios personales si íbamos a hacer esto; menos salidas nocturnas, una margarita menos aquí y allá, y asegurarnos de que descansábamos nuestros cuerpos tanto como los usábamos para correr, levantar, estirar y cruzar el tren. (Relacionado: Esta es la horrible realidad de lo que es correr un Ultramaratón)

Una de las cosas m√°s importantes en las que sab√≠amos que ten√≠amos que trabajar era en conseguir que Melissa se aclimatara a diferentes terrenos. Para ello, nuestros fines de semana consist√≠an en conducir hasta Millburn, Nueva Jersey, donde hay una gran cantidad de senderos para correr con c√©sped arraigado y rocoso, perfecto para el entrenamiento t√©cnico. Espec√≠ficamente, exploramos la Reserva de la Monta√Īa Sur donde trabajamos en el ritmo, la colocaci√≥n de los pies y las precauciones de seguridad. Era imperativo que Melissa se sintiera c√≥moda en un terreno irregular con ra√≠ces de √°rboles. Cuanto m√°s practicaba Melissa en este tipo de terreno, m√°s c√≥moda se sent√≠a. Comenz√≥ a entrenar su cerebro y su cuerpo para adaptarse a las ra√≠ces, las rocas, los ascensos y los descensos. Siempre hay un riesgo de lesiones al correr por senderos y un riesgo a√ļn mayor de lesiones al correr por senderos con visi√≥n limitada. Le preguntaba a Melissa sobre sus preocupaciones e incomodidades: qu√© pod√≠a ver, qu√© la pon√≠a nerviosa y c√≥mo respond√≠a al sendero. Una vez m√°s la resistencia de Mel estaba brillando a trav√©s. Su actitud positiva y su habilidad para superar el miedo estaban siempre presentes en el camino.

A√ļn as√≠, mi mente empez√≥ a pensar: "¬ŅC√≥mo vamos a hacer esto durante 31,1 millas? ¬ŅY qu√© pasa si algo sucede en el camino, y necesito apoyo?"

Despu√©s de pensarlo y considerarlo cuidadosamente, le ped√≠ a Melissa si pod√≠amos traer un segundo gu√≠a para que me ayudara durante la ultra carrera. Si ten√≠a un segundo gu√≠a asistiendo, hab√≠a un seguro adicional para la seguridad de todos. Un segundo gu√≠a podr√≠a mantenerme en control si me agotaba y perd√≠a mi capacidad de apoyar a Melissa al 100%. Mel estaba a bordo, y llamamos a nuestra amiga y compa√Īera gu√≠a de Aquiles, Rachel Belmont. Rachel es una estudiante de enfermer√≠a y paracaidista que tambi√©n ha corrido carreras de 100 millas antes, incluso carreras que duran 24 horas sin dormir. Rachel sab√≠a c√≥mo correr, c√≥mo correr largas distancias, y pod√≠a sonre√≠r y soportar cualquier cantidad de dolor. Una vez que la tuvimos a bordo, nuestro entrenamiento continu√≥ y se intensific√≥. Mel se fue a correr la marat√≥n de Houston con sus gu√≠as de Texas. Ella PREDIO, aplastando el curso en poco m√°s de cuatro horas. Me fui a Boston para correr la marat√≥n como una carrera de entrenamiento para nuestra ultra. Al regresar de nuestras respectivas carreras, Melissa, Rachel y yo corrimos la carrera de 10 millas de Titos y Tacos en Millburn, Nueva Jersey. Pensamos que esto ser√≠a pan comido.

El 10-milimetro fue la llamada de atenci√≥n que necesit√°bamos antes de los 50K. Correr por el sendero es dif√≠cil. Melissa sufri√≥ algunos derrames aterradores, y yo vol√© 15 pies cuesta abajo despu√©s de tropezar con la ra√≠z de un √°rbol tratando de proteger a Mel. Los tres lo pisoteamos hasta la l√≠nea de meta con grandes sonrisas, algunos rasgu√Īos y moretones, y empapados de sudor. Nos cubrimos las espaldas, pero a pesar de nuestras opiniones m√°s optimistas, esto nos abri√≥ los ojos para lo que inevitablemente ten√≠amos que lograr en el d√≠a de la ultra carrera. (Relacionado: Esta mam√° se detuvo para amamantar a su beb√© durante 16 horas en una carrera de ultramarat√≥n de 106 millas)

Despu√©s de cinco meses de entrenamiento agotador, sacrificios de vida personal y algunos dolores, est√°bamos listos para el d√≠a de la carrera. Melissa, Rachel y yo hab√≠amos hecho una cuidadosa lista con un plan de empaque. Desde el equipo hasta la nutrici√≥n, ten√≠amos cada cent√≠metro de la carrera cubierto. Las tres nos conocimos en mi apartamento la noche anterior. Cocinamos pasta para la cena mientras escuch√°bamos m√ļsica y nos re√≠amos de rid√≠culas historias personales. Ten√≠amos que mantener el ambiente ligero. Esa es Melissa para ti. Siempre sabe c√≥mo mantener las cosas ligeras incluso ante una situaci√≥n estresante. Hicimos las maletas y nos fuimos por el camino, marcando en las secciones donde sab√≠amos que tendr√≠amos que cavar profundo. Hicimos s√°ndwiches de mantequilla de almendra y pl√°tano, y contamos cuidadosamente nuestros geles energ√©ticos y waffles de prote√≠nas. Repasamos la hidrataci√≥n, qu√© hacer si uno de nosotros se lesiona, y los papeles que Rachel y yo har√≠amos como gu√≠as de Melissa. Rachel se pon√≠a de su lado y yo deb√≠a liderar; llamando a cada ra√≠z, roca, chapuz√≥n u obst√°culo en nuestro camino. Todos nos acostamos temprano esa noche con mariposas en el est√≥mago.

Día de la carrera Caos

El d√≠a de la carrera comenz√≥ temprano. Nuestras alarmas nos despertaron a las 4:45 a.m. Me puse mi ropa de correr y corr√≠ a buscar el auto mientras Melissa y Rachel tomaban nuestras bolsas y preparaban caf√© fuerte. Nos lanzamos a los viejos mientras conduc√≠amos por la oscura y vac√≠a FDR Drive contra las luces parpadeantes al otro lado del r√≠o en Brooklyn. Puedo decir con seguridad que nunca olvidaremos esa ma√Īana.

Llegamos despu√©s de un viaje de 90 minutos al norte del estado, y los tres repasamos nuestro equipo por √ļltima vez, y nos aseguramos de que cada uno de nosotros terminara el desayuno. No hab√≠a mucho tiempo para sentarse a pensar; la carrera empezaba en menos de 20 minutos, as√≠ que nos dirigimos a la l√≠nea de salida. El aire era fresco y la niebla baja. Corredores de todo el mundo se alineaban y la energ√≠a era alta; se pod√≠a sentir. Melissa estaba tranquila y lista. Tuvimos una reuni√≥n de equipo; chocamos los cinco mientras nos dec√≠amos "te amo" y "el trabajo en equipo hace que el sue√Īo funcione". (Relacionado: C√≥mo lidiar con la ansiedad de desempe√Īo y los nervios antes de una carrera)

A las 7 a.m. en punto, el arma se dispar√≥ y comenzamos a abrirnos paso a trav√©s del recorrido de 31.1 millas. Empez√≥ con un r√°pido pinchazo y luego subi√≥ constantemente por lo que parec√≠a una milla. El suelo estaba h√ļmedo, lo que hac√≠a que las rocas fueran resbaladizas. Rachel y yo est√°bamos pegadas al lado de Mel para protegerla de la manada de corredores que ven√≠an detr√°s de nosotros. En la milla 10, sentimos la fatiga. En la milla 15, nuestros cuerpos estaban tratando de aguantar. En la milla 20, todo lo que pod√≠amos pensar eran papas fritas y rodajas de naranja ba√Īadas en sal. Hubo momentos en los que s√≥lo quer√≠amos ir m√°s despacio o sentarnos, pero la fiereza de Melissa prevaleci√≥. Tuvimos que empujar fuerte durante las millas 20-27. A veces est√°bamos escalando rocas, conmigo tirando de Melissa y Rachel observando desde atr√°s. Constantemente grit√°bamos se√Īales como, "¬°Rock! ¬°Ra√≠z! ¬°Cuidado, tronco de √°rbol! ¬°Creek! ¬°Serpiente!" Y otra vez, "¬°serpiente!" Nuestros v√≠tores sonaban fuertes con, "¬°lo tienes, Mel! Apl√°stalo. Creemos en ti. Te cubrimos las espaldas."

Milla 28. Aquí es cuando el "ya sabes qué" golpeó el ventilador. Melissa se estaba cansando; se sentía agotada y había sufrido algunas caídas en el camino. Me había vuelto delirante; recurriendo a Rachel para que la apoyara mientras nos tomábamos un momento para reagruparnos delante de Mel mientras ella comía un bocadillo. Nos unimos y conseguimos que Mel volviera a la normalidad. Los corredores pasaron volando por delante de nosotros en asombro de Melissa (nuestro equipo era fácilmente identificable debido a nuestros tanques de Aquiles de color amarillo resaltante). No podían creer que alguien ciego corriera un ultra-mucho menos un ultra de pista.

Tuvimos conversaciones dif√≠ciles en la milla 28 a la 28.5. El marcador de la milla 28.5 era el √ļltimo puesto de socorro. La visi√≥n de Mel se esforzaba y hablaba de la posibilidad de llamarla. Los tres ten√≠amos que ser honestos con nosotros mismos sobre los posibles resultados de este d√≠a. Hab√≠amos llegado tan lejos, pero la seguridad era siempre el n√ļmero uno (la diversi√≥n era el n√ļmero dos). A√ļn as√≠, vi el fuego en los ojos de Mel. No se iba a rendir. Tal vez la idea de dejarlo estaba ah√≠, pero la verdad es que ella siempre iba a aguantar. Engullimos bocadillos salados en el puesto de socorro, tomamos una bebida deportiva y nos fuimos. Tuvimos que cerrar un poco menos de 3 millas. Rachel y yo marcamos el ritmo para que Mel pudiera tener el control de crucero todo el camino.

Melissa Blume, legalmente ciega con una visión severamente limitada, estaba a punto de terminar su primera carrera de 50K, convirtiéndose en una ultracorredora. A medida que nos acercábamos a la meta, Melissa se mantuvo fuerte. Rachel y yo animamos y alcanzamos sus manos de Mels, una de nosotras a cada lado de ella, y aceleramos el ritmo. Con la línea de meta a la vista, nuestros pies embarrados, las piernas cansadas, y el corazón lleno de energía, saltó sobre la línea de meta 10 horas y 45 minutos después del despegue. Melissa se había convertido en una ultracorredora.

El objetivo era terminar con seguridad, nada más, y eso es lo que hicimos. Poco después de cruzar la línea de meta, Melissa rompió en lágrimas, y todos nos abrazamos. Ese día se formó una hermandad. Melissa creía en nosotras como sus guías, y nosotras creíamos en ella como atleta y como nuestra amiga. Acababa de lograr algo que la mayoría de la gente consideraría impensable. La fuerza y la determinación de Melissa ese día no tenían parangón. Incluso en los momentos más oscuros, todo su corazón estaba en ello. Ella sirve de inspiración para aquellos que alguna vez pensaron que no pueden hacer algo en la vida. Mi amiga Melissa es la prueba viviente de que si trabajas duro y crees en el proceso que todo es posible.

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